1. Dilema de los euros encontrados.

Josué es dueño de una agencia inmobiliaria y está ayudando a una señora a organizar y vender los artículos del hogar de su difunta hermana. Al dar un vistazo a la chimenea, encuentra dos cajas viejas. Cuando abre una de ellas, no puede creer lo que ve: rollos de billetes de 100 euros envueltos en papel de aluminio: ¡un total de 82.000 euros en efectivo! Josué está a solas en la habitación. ¿Qué debe hacer? ¿Llevarse la caja a escondidas, o decirle a su clienta que ha encontrado el dinero?

2. Dilema del tren que perdió el control.

Cinco personas se encuentran en el camino de un tren que perdió el control. Los cinco van a morir irremediablemente, a menos que usted, un transeúnte que casualmente se encuentra en el lugar del hecho, apriete el botón que desvía al tren a las vías de al lado. Si lo hace, una persona que está parada allí, morirá. ¿Tomaría la responsabilidad de presionar el botón?

3. Dilema del prisionero.

El fiscal entrevista por separado a dos detenidos, rojo y negro, que han realizado un delito conjuntamente, diciéndoles por separado: “Tengo suficientes pruebas sobre ambos para enviarlos a la cárcel durante un año. Pero si usted es el único que confiesa, aunque el delito supone diez años de condena, haré un trato con usted y será condenado a tres meses de prisión, mientras su compañero permanecerá diez años. Pero si confiesan ambos, los dos recibirán una condena de cinco años”.

¿Qué debe hacer el rojo? ¿Debe confesar y confiar en recibir una sentencia breve? Eso es mejor que el año a que sería condenado su no confesara. Pero veamos. Hay una razón mejor para confesar, pues supongamos que el rojo no confiesa y, que sin saberlo, confiesa el negro ¡El rojo se arriesga a ser condenado a diez años! Mejor que eso es confesar y recibir una condena máxima de cinco años. El negro se encuentra ante el mismo dilema.

4. Dilema del joven que se presentó ante Sartre.

Sartre siempre puso como ejemplo este dilema para indicar que cada dilema moral implica unas circunstancias tan personales (donde intervienen la personalidad del sujeto, las peripecias vitales, las ideas personales, etc.) que es imposible establecer normas generales que sean válidas para situaciones parecidas.

Un joven se pregunta qué hacer: si alistarse voluntario al ejército porque la patria ha sido invadida por un enemigo exterior, o renunciar a luchar por su país y quedarse en casa cuidando a su madre enferma. Cuando el joven le planteó el dilema, Sartre le dijo simplemente que él no podía ayudarle, puesto que esa decisión era totalmente personal y, por lo tanto, debía decidirla él. En lo único que le podía servir de ayuda era en entender la angustia que le provocaba ese dilema. ¿Qué harías tú en un caso semejante?

5. Dilema de la existencia inauténtica.

Para Sartre, llevar una existencia inauténtica consiste en buscar cobijo bajo determinadas ideologías para saber qué es lo que hace que hacer (pueden ser ideologías religiosas, políticas, morales, culturales, de tribus urbanas, etc.). Por el contrario, una existencia auténtica significa asumir que no existe nada más que esta vida, y que en ella somos sujetos esencialmente libres, cuya esencia consiste precisamente en tomar decisiones acerca de lo que deseamos para el futuro. Pero asumir esa libertad, nos provoca congoja, angustia, incertidumbre…

Te pedimos que resuelvas el siguiente dilema: ¿qué prefieres tú: una existencia confortablemente instalado en una creencia religiosa, política, etc., que te diga siempre lo que tienes que hacer y así no vivir en la incertidumbre, o asumir totalmente que en este mundo no puede esperarse nada salvo tu libertad interior, lo que te conducirá inevitablemente a la duda y a la angustia de equivocarte al tener que elegir en cada momento?

( J. Muñoz Redón- M. Güell Barceló. Historia de la filosofía. Editorial Octaedro. Barcelona. 2009)