Pitágoras nació en Samos alrededor del año 570 a.C., pero hacia el año 530 a.C. se marchó a Crotona, en el sur de Italia, donde fundó una escuela.

No es posible conocer con precisión el pensamiento de este autor, ya que, además de que no dejó nada escrito, los testimonios que han llegado hasta nosotros son contradictorios y muchas veces idealizan su figura. Se sabe que tuvo que abandonar Crotona por una revuelta popular y que murió poco después en Metaponto, pero no se conoce con exactitud la fecha de su muerte.

Pitágoras y sus discípulos, los pitagóricos, formaron algo más que una escuela filosófica. Constituían una especie de secta religiosa que vivía en comunidad, con un régimen muy riguroso. Consagraban su vida al estudio y al desarrollo de las matemáticas y la filosofía, pues consideraban que esta era la forma de lograr la purificación del alma.

1.Su cosmología.

Los pitagóricos centraron su atención, en primer lugar, en la cosmología. Pensaron que el arjé estaba en los números. Esto supuso una novedad importante porque, a diferencia de sus predecesores, para ellos, el arjé tenía dos características: era múltiple e inmaterial.

A su juicio, todas las cosas están compuestas, en último término, por números, que los seguidores de Pitágoras consideran el fundamento constitutivo del universo. Así lo indica Aristóteles: “Los llamados pitagóricos, que fueron los primeros en cultivar las matemáticas, no solo hicieron avanzar estas, sino que, nutridos de ellas, creyeron que sus principios (los números) eran los principios de todos los entes” (Metafísica).

Algunas observaciones relacionadas con las matemáticas los llevaron a tal conclusión, como la posibilidad de convertir la armonía musical en una relación numérica: descubrieron que las notas de las diferentes cuerdas de la lira se podían medir numéricamente en función de su longitud relativa- uno partido de dos, uno partido de tres, etc.-.

Por otro lado, no solo las cosas se dividen en números, sino que los números mismos se pueden dividir en lo par y lo impar. El número par representa lo infinito o ilimitado, porque resulta infinitamente divisible, mientras que el número impar viene a ser lo finito o limitado, ya que no se puede dividir. En consecuencia, todas las cosas materiales están hechas de números, que, a su vez, están constituidos por esta pareja de contrarios.

Los pitagóricos utilizaron el concepto de cosmos para referirse al orden y al equilibrio que reina en el universo, pues, aunque las cosas estén hechas de elementos contrapuestos, se presentan como una composición armónica y equilibrada que oculta externamente esa oposición constitutiva.

Es algo parecido a lo que ocurre con la armonía musical, en la que se unifican las oposiciones que la componen. Para ellos, el mundo es un todo ordenado que, como la escala musical, está sometido a relaciones numéricas, es decir, a leyes racionales.

2.Su antropología.

La visión pitagórica de la vida y el alma humana, que posiblemente estuvo inspirada en el orfismo, repercutió en el pensamiento de Platón.

El orfismo es una corriente religiosa de la antigua Grecia, cuya fundación se atribuía a Orfeo, mítico poeta y músico griego. Recogía ideas de las religiones orientales y se caracterizaba principalmente por la creencia en la otra vida y en la reencarnación.

El ser humano, según la doctrina órfica, es un ser compuesto de alma y cuerpo, donde el alma es el elemento principal, Se encuentra encerrada en un cuerpo como castigo por una culpa primitiva, que le impide ser feliz; por eso, tiene que perseguir la purificación o liberación de lo corpóreo y sensible.

En sintonía con esta forma de religiosidad, los pitagóricos sostuvieron que:

*el ser humano está compuesto de alma y cuerpo. Estas dos partes no son cualitativamente iguales: el alma, inmaterial, es el elemento principal y superior, mientras que el cuerpo es una realidad despreciable. Debido a una culpa primitiva, el alma ha sido encerrada en un cuerpo, del que el ser humano tiene que liberarse para ser feliz.

*Lo relativo al cuerpo- todo lo relacionado con lo material y sensible- es aborrecible, pues impide al alma elevarse a lo espiritual. Por esta razón, propusieron un conjunto de estrictas reglas morales que permitieran al alma purificarse de lo corpóreo, como evitar el consumo de carne o dedicarse al estudio, cultivando los saberes paulatinamente, desde la música y las matemáticas hasta llegar a la filosofía, el saber más alto.

*El alma es inmortal, a diferencia del cuerpo. El alma solo puede desligarse completamente del cuerpo con la muerte. Pero, si no se encuentra purificada de todo lo corporal y sensible, ha de reencarnarse en otro cuerpo. Los pitagóricos pensaban que las reencarnaciones se irían repitiendo hasta la purificación definitiva.

(AA.VV. Historia de la Filosofía. Editorial Casals. Barcelona. 2016)